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Uno de los elementos
más destacados del templo, aparte de su ya señalado valor
de integración en un medio natural absolutamente delicioso, es
su escultura. En especial la veintena de capiteles que hallaremos al
interior del templo, concentrados en la cabecera y entorno a las pilastras
de separación entre primero y segundo tramos de la nave. En muchos
de ellos se advierte la genial presencia/influencia del maestro del
gran taller del Bearn. Otros son de inferior calidad.
Cliqueando en la imagen
activa superior (Imagen 1) sobre cada uno de los círculos
rojos accederéis a la imagen del capitel situado en esa localización
en la actualidad. Bajo estas líneas
y en las siguientes páginas, vuelvo a mostrarlos, ordenados,
y ofreciendo en los más interesantes vistas desde varios de sus
ángulos.
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El primero de los capiteles
-número 1 en la imagen activa- nos muestra una escena de juglaría
muy del gusto de lo visto por el Bearn (Lacommande, Olorón, Morlaas)
y en Uncastillo. Los tipos, las posturas, las vestimentas y su decoración,
su actitud... transmiten un "deja vu", porque ese capitel
podría estar sin desentonar en cualquiera de los sitios mencionados.
En la cara lateral
que da a la nave, vemos a un personaje que toca un alborgué mientras
otro con aspecto de pasmado lo mira embobado y con la boca abierta...
o quizá trate de acompañar la melodía silbando
(Imagen 2). En la cara frontal se muestra una cuidada
escena de danza. En el ángulo de nuestra izquierda, un músico
suena una fídula, sentado en un pequeño taburete mientras
la bailarina central con un brazo en jarras y otro alzado ensaya un
paso de baile y la otra bailarina, en el ángulo puesto hace la
imposible contorsión que tanto se repetirá por el Bearn
y por las Cinco Villas aragonesas de la mano de su sucesor, el maestro
de Agüero/San Juan de la Peña (Imagen 4).
En la cara corta al interior del ábside encontramos a un tercer
músico tocando un arpa-salterio en la que destaca en altura el
afinador atado con una cuerdecita (Imagen 3)
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Frente al anterior
-numero 2 en imagen activa- otro capitel de idéntica superior
calidad técnica y magnífica conservación nos muestra
a un personaje en trance de ser devorado por dos leones. Uno lo toma
por la zona lumbar y el otro ya le ha apresado el brazo derecho, que
el desdichado -a pesar de su indiferente expresión- trata de
retener con la otra mano (Imágenes 5 a 7). No
parece que se narre una escena de la de ciclo muerte-resurrección.
Esta más parece remitir al tormento dado a los cristianos en
el circo o quizá las penas que esperan a los pecadores (o juglares).